Sistema de suspensión

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Sistema de suspensión 2018-07-19T16:02:27+00:00

Sistema de suspensión del coche

La suspensión es uno de los sistemas de seguridad más importantes de un vehículo, y muchas veces cae en el olvido. Los amortiguadores, junto con el resto de componentes que forman este esencial sistema, suponen un apartado muy a tener en cuenta a la hora de estudiar y mejorar el comportamiento de un coche. La suspensión puede entenderse como el conjunto de componentes que unen las ruedas al chasis, permitiendo que haya un amplio movimiento relativo (entre coche y ruedas) que haga que se mitiguen los efectos de las irregularidades del asfalto dentro del habitáculo.

La suspensión es una pieza clave del puzzle, pues asume el principal cometido de “absorber” las desigualdades que presenta el terreno mientras que evita que los neumáticos pierdan el contacto con este. Esta tarea que realizan los amortiguadores, y el conjunto de la suspensión, proporciona a los pasajeros un adecuado nivel de confort y seguridad de marcha, y protege la carga y otros componentes del mismo vehículo. Además suavizan todas las transferencias de masas; al acelerar, frenar, paso por curva…

¿Qué elementos forman la suspensión de un coche?

Para explicar de manera sencilla cómo está constituida la suspensión de nuestro vehículo vamos a recurrir a dividir esta en tres componentes principales. Además, esto nos ayudará a comprender de manera rápida el principio del funcionamiento de este sistema que nos trae hasta aquí.

Resorte o elemento elástico

El primer elemento que trabaja en la suspensión es el denominado como ‘resorte’ o ‘elemento elástico’. Actualmente, lo habitual es que estos elementos elásticos sean muelles, pero también puede emplearse ballestas, barras de torsión, etc. Este resorte será el encargado de que la rueda a la que acompaña pueda moverse hacia arriba y hacia abajo según las irregularidades o ángulos que aparezcan en el terreno por el que se circula. Es decir, hacen que el peso de todo el vehículo descanse elásticamente.

Los muelles pueden ser de tensión baja, esto es, flexibles. O, por el contrario, pueden tener una tensión alta y ser duros. Lo ideal, para un coche de uso normal, es contar con unos muelles equilibrados en este aspecto. Un muelle de tensión baja absorberá mejor las irregularidades pero le dará al coche un comportamiento más inestable, mientras que un muelle duro hará que el coche rebote más, pero el paso por curva será más óptimo por la ausencia de balanceos. Por eso los coches de competición o con pretensiones deportivas suelen tener una suspensión muy dura y seca, que incluso llega a ser incómoda.

Amortiguadores

El segundo elemento es el amortiguador. Los amortiguadores son los encargados de impedir que el movimiento del muelle se convierta en un “vaivén” o desplazamiento oscilatorio sin pausa. Sin los amortiguadores, si nuestro coche pasase por un bache, el rebote provocado por la absorción de la irregularidad se prolongaría durante mucho tiempo. El coche se desplazaría rebotando de arriba abajo por el efecto libre de los muelles. Sin ir más lejos, esto es uno de los efectos que puede sufrir nuestro coche si los amortiguadores están en mal estado. Sigue leyendo, lo explicamos más abajo.

Los amortiguadores más comunes suelen ser los de tipo telescopio hidráulico, aunque también existen amortiguadores neumáticos. El funcionamiento de estos radica en el uso del rozamiento que crea un aceite denso sobre un vástago. Este rozamiento es el que hará que cese el movimiento oscilatorio al que tenderá el elemento elástico (muelle) descrito líneas arriba.

Brazos y articulaciones

Por último, y no menos importante, los brazos y las articulaciones que unen al amortiguador y elemento elástico con el conjunto chasis-rueda. De estos hay un gran abanico disponible: ejes tirados, puentes, tirantes…

Por supuesto, ninguno de estos elementos podría desempeñar correctamente sus funciones sin la ayuda de los otros. Una buena suspensión precisa de un buen matrimonio entre el elemento elástico, el amortiguador y las piezas que hacen de unión.

Tipos de suspensión

Ahora bien, la forma en la que estos tres elementos se unen y trabajan dan lugar a diferentes tipos de suspensión. Pasemos a conocer los más comunes para ambos ejes: delantero y trasero.

En el eje delantero, lo más común hoy en día es encontrarse suspensiones independientes. La utilización de este tipo es claramente ventajosa frente a las rígidas. La efectividad y el nivel de confort son mayores gracias a la principal cualidad: las perturbaciones y vibraciones que sufre una rueda no son transmitidas a la otra. Además las suspensiones independientes suelen pesar menos.

Las suspensiones independientes se clasifican a su vez en diferentes tipos, las más habituales en los vehículos actuales son la suspensión de tipo Mc Pherson y la de doble trapecio.

Para el eje trasero los fabricantes también utilizan diferentes tipos de suspensión según la configuración. Suspensión por eje rígido, suspensión por eje semirrígido y suspensión independiente son las más sonadas.

Suspensión del coche

Sistema suspensión McPherson

¿Puede estar mi suspensión en mal estado?

El hecho de que se crea extendidamente que la suspensión es una de las partes del vehículo que puede durar toda la vida de este sin necesidad de intervención mecánica es uno de los motivos por los que  parece no ser una parte importante. No obstante, muchas veces es fácil ignorar un claro indicativo de una suspensión en mal estado. Y es que, los amortiguadores y el resto de componentes también pueden precisar de una visita al taller. Existe un gran desconocimiento en cuanto al mantenimiento y sustitución de, sobre todo, los amortiguadores.

De hecho, es conveniente, y los fabricantes lo recomiendan, el cambio de amortiguadores cada 60.000-80.000 kilómetros, según el uso que han tenido. Hay que tener en cuenta que no descansan, y menos ahora cuando más de moda están los resaltos en las ciudades.

A diferencia del estado de los neumáticos o el nivel del aceite del motor, estudiar en qué estado se encuentran los amortiguadores es una tarea difícil de realizar en casa si no somos relativamente expertos. Por ello te dejamos algunos síntomas, fácilmente apreciables, que podrían indicar que tu coche necesita una visita al taller.

Si percibes alguno de estos síntomas cuando te pones al volante de tu coche lo mejor es que te pongas en contacto con tu taller más cercano. Te examinarán el estado de la suspensión de tu coche en una minuciosa operación, pues un mal estado de la suspensión es muy peligroso. Un simple y pequeño movimiento para esquivar un obstáculo en la vía puede ser fatal.

Cambiar amortiguadores no suele ser una operación que requiere un elevado coste económico, así que te recomendamos que no dejes pasar una posible avería que luego pueda convertirse en un problema con una solución más complicada y cara, o incluso en un percance en la carretera.

Mis neumáticos se desgastan anormal y desigualmente

Solemos achacar este síntoma a un mal equilibrado de ruedas, pero en algunos casos la culpable puede ser la suspensión.

Si revisas el estado de tus neumáticos y aprecias un desgaste anormal en alguno de ellos; la banda de rodadura está muy desgastada por uno de los flancos únicamente, por ejemplo, es muy probable que alguna de las partes de la suspensión no esté en estado óptimo. El amortiguador correspondiente podría estar desgastado o el brazo de la suspensión doblado por algún impacto fuerte.

Mi coche rebota

Un rebote excesivo del coche es un claro indicativo de un desgaste en los amortiguadores. Este rebote puede apreciarse en movimiento, pero también puedes comprobarlo estando estacionado. Es tan fácil como hundir tu coche empujando la carrocería por la zona de la rueda que crees que tiene el amortiguador en mal estado. Al hacer este gesto, el coche debería volver a su posición inicial. Si en vez de hacer esto, el coche rebota varias veces has dado con el problema.

Mi coche no está nivelado

Seguro que has visto algún Citroën estacionado con uno de sus lados más hundido de la cuenta. Y decimos Citroën porque ha sido una marca que ha usado su famosa suspensión hidroneumática durante muchos años. Un tipo de suspensión delicada y que requiere mucho mantenimiento. Sin embargo, aunque tu coche tenga suspensión convencional también puede padecer este síntoma. Si aprecias que tu coche “cojea” de una rueda no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

De igual forma, si tu coche cuenta con suspensión neumática y al arrancar uno de los amortiguadores no eleva su zona correspondiente del coche, también tienes un problema.

Ruidos en movimiento

El oído es el mayor amigo que tenemos a la hora de detectar un fallo en nuestro coche. La suspensión puede quejarse por medio de ruidos extraños que podremos oír incluso desde el habitáculo. Es difícil saber qué problema puede tener el coche exactamente, pero si oyes algo que no deberías al pasar por baches, badenes, resaltos… Lo mejor es que pidas cita con el taller.

Comportamiento anormal en curvas

Si junto con el oído tienes el resto de sentidos afinados, te será fácil detectar un comportamiento anormal de tu coche en el paso por curva, sobre todo en las que requieren más apoyo de masas. Si notas que el coche balancea más de la cuenta, se inclina en exceso, le cuesta mantener el giro y la dirección precisa de correcciones puede que tengas un problema que tu taller podrá solucionar.

Comportamiento anormal en la frenada

En este punto nos encontramos con el gran problema de seguridad que no es otro que el aumento de la distancia de frenado. Si los amortiguadores o cualquiera de los otros elementos que componen el sistema de suspensión no se encuentran en óptimas condiciones, el agarre al asfalto es menor y en consecuencia nuestro coche tardará más tiempo en quedar inmovilizado en caso de frenada.

Cabe mencionar que también es conveniente revisar de vez en cuando las articulaciones, rótulas y silentblocks de la suspensión. Si hubiese que sustituir alguna de estas piezas el desembolso será mínimo, y es conveniente hacerlo antes de que el estado sea peor y pueda perjudicar a otras piezas y al comportamiento del vehículo.

Podemos afirmar, entonces, que el óptimo comportamiento del vehículo está muy unido al estado de la suspensión. Además, hay que tener en cuenta que la dirección está estrechamente ligada a nuestra, ahora amiga, suspensión.

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